Mi primer tejido.
Luego de agarrar cada una un extremo del tejido, empezamos a tironearlo con muchas ganas, y nos daba mucha risa porque nos caímos al suelo y nos arrastrábamos hacia un lado y hacia el otro, hasta que mi mami me llamó porque había que lavar la enorme bufanda para aprovechar de secarla frente a la chimenea encendida, ya que mañana vence el plazo para entregarla a Sor Inés y exponerla el fin de semana junto a los trabajos de todas las alumnas del colegio.
Sólo después de un buen lavado, apareció el color celeste primitivo, porque ya parecía una bufanda gris. Quedó muy bonita, y tuvimos que estrujarla en una toalla antes de colgarla en una silla frente al fueguito, donde empezó a salir una nube de vapor que nos asustó en un primer momento.
Yo la miraba fijamente, mientras pensaba en el tormento que significó meter punto a punto el palillo, enlazar la hebra, y volver a sacarlo sin que se me soltara. Había niñas que tejían rápido, bien, parejito...y que hicieron zapatitos para guagua, e incluso chalequitos pequeños, pero no eran zurdas como yo...
