La esperada exposición.
La exposición se abriría al público el sábado después de almuerzo, así que esa mañana yo estaba nerviosa y me parecía que el tiempo no avanzaba. Llegó la hora de almuerzo, y, como pocas veces, nos comimos todo rápido y ayudamos a guardar todo y dejar ordenado, hasta que nos subimos al auto y mi papi nos llevó rumbo al colegio. Había hartas mamás, y nos encontramos con las compañeras a medida que recorríamos la primera sala llena de bordados y tejidos, donde recorrimos cada rincón con la mirada, sin pillar mi bufanda...
Yo ya creía que Sor Inés no había puesto mi obra allí cuando mi mami dijo "¡mira! ¡mira esa esquina! ¡allá! ¡allá arriba! "...Oh...mi bufanda estaba instalada en una esquina llegando al cielo de la sala, lo que es mucho decir, porque mi gran obra estaba camuflada entre mantelitos y carpetitas bordadas, muchas de las cuales tuvieron trabajando a mamás y abuelitas para lograr buenas notas, en cambio yo la hice solita, aún con las dificultades de la poca destreza de mi mano derecha y eso me llenó de orgullo.
