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La Coctelera

polela

1 Marzo 2009

La Picha (dos)

Estábamos por sentarnos a comer cuando oímos unos gemidos...

-¡Escucha!  ¿Oíste?

¡Sí!  ¡Yo también!  ¿De dónde?

Empezamos a gatear por el suelo tratando de oír, pero con el griterío nuestro se perdían los gemidos. De pronto tomé una linterna y una pala y salí corriendo con mi hermana detrás. Fuera de la construcción, en un hueco pequeño, empezamos a cavar y nos metimos arrastrándonos, sin importarnos las arañas, las babosas, ni los gusanos que por allí había. De pronto los gemidos se hicieron más próximos. Allí, donde nuestra linterna nos mostraba, había un montón de cachorritos que se movían gimiendo. Nos abalanzamos y empezamos a contar: uno...dos...tres. ¡Doce en total!

Nuestra "Picha" había sido madre y tenía nada menos que doce cachorritos, blancos, café, y algunos negros. Ella los lamía y acomodaba, y nos permitió que los tomásemos también. Tampoco puso problemas cuando le comunicamos que esa casa era húmeda y helada para sus pequeños y comenzamos a arrastrarnos con uno en cada mano hacia la salida de la cueva oscura y llena de bichos.

En la leñera les hicimos una cama calientita y acogedora, mientras nuestra madre miraba con tamaños ojos la gran camada de cachorros de "Picha".  Eran seis machos y seis hembras, según pudimos darnos cuenta, y al cabo de unos días pudieron abrir los ojos.

Mi hermana y yo nos levantábamos muy temprano a darles leche tibia, porque la pobre "Picha" estaba en los huesos y muy preocupada  por el más chiquitito, que no lograba mamar ni crecer. Una tarde, trataba yo de darle una improvisada mamadera, cuando llegó la "Picha" ,me lo quitó y salió corriendo. Quise arrebatárselo y por primera vez le tuve miedo, pues, dejando al cachorro en el suelo, me gruñó con fiereza. Luego lo tomó con gran cuidado y se metió bajo un montón de leña. Mucho rato la estuve observando. Ví allí una madre desesperada, tratando de amamantar al cachorro sin lograrlo, hasta que sentí deseos de llorar.  Y lloré amargamente cuando ví lo que hizo; le enterró sabiamente un colmillo en el vientre matándolo en forma instantánea, sin que el pobre animal derramara una gota de sangre. Luego salió con él en el hocico y lo enterró en el patio.

Ese fue mi primer contacto directo con la muerte y fue una terrible experiencia para una chiquilla como yo.

Tags: picha

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