Mis pesadillas: las tablas y la bufanda...

- No ganas nada con llorar. Tienes que estudiar, porque si no sabes las tablas, no podrás multiplicar, y si no sabes multiplicar, no podrás dividir...
- Pero si yo estudio!
- Pues parece que no, porque no te sabes ni la tabla del 2!
- Esto es muy difícil y no lo entiendo!
- ¡Y por qué tienes tan buenas notas?
- ¡No sé...!
- Bueno. Si no logras aprendértelas, yo en octubre te retiro del colegio, y repites. Así de sencillo...
- Pero mami...
- ¿Y cómo va el tejido?
- Ah!...Me costaba mucho que no se me suelten los puntos, y Sor Inés me ha hecho deshacer varias veces pero ahora parece que ya no se me han soltado tanto...claro que no me rinde mucho...
- Yo creo que te cuesta porque eres zurda...
- Claro que me cuesta meter el palillo con la mano derecha!
- Bueno, yo creo que tienes que hacerle empeño a lo que te cuesta, y estudiar las tablas de a dos, o sea la del 2 y la del 3, y cuando las sepas, meter la del 4. Pero octubre es la fecha final.
- Ya, mami. Me queda poco tiempo, así que estudiaré lo que pueda. Ahora veré lo de la bufanda...
- Oye Eugenia, ¡Agarra la bufanda de esa punta, y yo la agarro del lado de los palillos! Déjame ver que no se salgan los puntos! ¡Tira, tira!
- ¡Mira que creció! Ya te falta poquito para terminarla...
- Sí...yo creo que con unas cuantas vueltas más, estará lista para lavarla, porque Sor Inés dijo que hay que llevarla limpia para la exposición...
- Ohhh! Va a quedar bonita!
- El jueves le voy a pedir a la Julia que me la lave...Tengo que terminarla el miércoles...
Nos acostamos temprano, había mucho frío, pero no llovía.
Por la mañana al abrir las cortinas, vimos un gran espectáculo....
- Pucha, nevó tanto, que el arbolito frente a la casa se llenó de tordos!
- No se ven los cerros, pero yo creo que sigue nevando allá arriba...¿Haremos un mono?
- Levantémonos para ir a hacer un gran mono...
- ¿Y dónde quedarían mis guantes? No están en mi cajón...
- Yo los ví con las muñecas, búscalos ahí...
- ¡Aquí están! Ya, ahora vamos a ponernos las botas, que están debajo de la cocina...
Al llegar a la cocina, mi mami nos atajó y dijo que sin desayuno no podíamos salir, así que nos sentamos rápidamente y no demoramos casi nada en tomarnos la leche y comernos el pan.
Al salir nos encontramos con que había bastante nieve, y costaba hacer una bola, irla empujando, rodando, y en un santiamén estaba demasiado pesada...Y justo en ese momento, apareció mi papi, que venía desde el taller porque estaban revisando el auto para salir mañana lunes a ver los caminos cercanos, y le pedimos ayuda para empujar la bola grande de nieve que sería el cuerpo del mono, la que creció otro poco mientras giraba hasta el costado de la pileta con los peces de colores. Nosotras empezamos a hacer otra bola para la cabeza, y mi papi nos ayudó a levantarla para instalarla sobre el cuerpo, mientras seguía nevando con ganas, y empezamos a tirarle bolas a mi papi y arrancábamos como liebres cuando él nos perseguía...
Teníamos las manos heladísimas, nos dolían, así que nos fuimos un rato a la cocina pero ya no nos dejaron salir, porque teníamos que hacer nuestra cama, y luego almorzar, y en eso estábamos cuando llegaron a avisar que el auto estaba listo, así que mi papi dijo que iríamos donde el tío Ciro a tomar helados, porque había que aprovechar ahora que nevó, así que felices ordenamos, almorzamos, y estábamos listas para salir de visita.
A mí me gustan poco los helados, pero la copucha de cómo se hacen era muy tentadora. Parece magia. La tía Ita nos mandó a recoger nieve haciendo pelotas, y ella hizo un postre con huevo, leche, vainilla y azúcar, que luego de enfriar, echaron al envase que va al medio de la nieve con sal, y que con una manivela van haciendo girar y se turnaban para darle vueltas.
El tío Ciro prendió la chimenea, una tremenda fogata, y los primeros que llegaron a echarse frente al fuego, fueron el Tony y la Yolí, una pareja de fox terrier que como tienen el pelo corto, son muy friolentos.
Cuando los helados cuajaron, nos sirvieron un plato a cada uno, y la tía Ita trajo unas galletas ricas para acompañarlos. A esa hora paró de nevar, y cuando nos fuimos a la casa, las calle estaba blanquita, y el auto se pegó una patinada al llegar a la hijuela de vialidad.
